Historia de
A los 12 años, me corté el pelo muy corto, perdiendo la capacidad de hacerme coletas y trenzas...
Con el cambio hormonal, mi cabello tomó una forma que no entendía. Al principio, era un león esponjoso e ingobernable. Mi mamá, experta en permanentes, usó mousse para controlar el frizz, transformándolo en rizos marcados. Así comenzó mi odisea con productos y técnicas.
Cambios que surgen
Mi rutina incluía hidratación, peine de cerdas gruesas y mucho acondicionador. El mousse era mi aliado, aunque mis rizos se volvían tiesos. Años de planchas y secadoras siguieron, transformando mi apariencia según los estándares de belleza.
Al mudarme a México, donde el clima favorecía mi alaciado, continué escondiendo mis rizos. Pero el nacimiento de mi hija me hizo cuestionarme. Descubrí el método curly y que solo en Estados Unidos exístian salones y tratamientos exclusivos para rizadas.
Búsqueda de soluciones
A los 30, trabajando en belleza esperaba encontrar soluciones, pero seguían proponiendo alisados. El dilema persistió. La frustración creció, pero nunca permití químicos permanentes. Mis fotos sociales eran siempre alaciada, reforzando la creencia de que rizos no eran profesionales
Con el tiempo, aprendí a peinarme correctamente, pero mantenía una doble vida.
En 2017, dejé los salones y comencé a cortarme yo misma. La gente notó el cambio, preguntando qué hacia diferente. Fui adentrándome en productos aptos para el método curly, alejándome de las grandes marcas.
La pandemia llevó a las mujeres a descubrir y amar sus rizos.
Decidí ofrecer un servicio completo del método y diseñé el paquete #BRILLADHA, que incluía corte, tratamiento, estilizado y explicación del método. La demanda creció, y necesité un salón.
La idea de #BRILLADHA
#BRILLADHA como línea de productos nació al notar la falta de opciones que cumplieran mis expectativas. Quería que cada mujer encontrara la mejor versión de su cabello siguiendo el método curly. Con esto, Brilladha se convirtió en la respuesta a años de búsqueda y experiencia.

